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Uno de los mayores aprendizajes que podemos regalar a nuestros hijos es el del respeto al cuerpo propio. Todos queremos que cuando nuestros hijos sean adultos sepan decir que no a abusos de poder sobre su cuerpo y para ello necesitan conocerlo y respetarlo. Estar conectados con qué sienten, qué necesitan, qué les gusta, es fundamental para tener una relación sana con su cuerpo. Los bebés nacen con esta conexión, sabiendo lo que necesitan y lo que no y nuestra tarea por tanto no es tanto enseñarles a respetar su cuerpo como preservar el respeto innato por sí mismos y esa conexión que ya tienen.

Si tenemos esto claro, la pregunta es: ¿cómo hacemos esto? La respuesta es muy simple y compleja a la vez: respetando su cuerpo.

¿Qué implica respetar su cuerpo?

A priori está pregunta podría parecer muy fácil de responder y si preguntáramos a los padres y madres, estoy segura de que la mayoría creen que respetan el cuerpo de sus hijos e hijas. Pero, ¿es realmente así?

Hace años, en un curso on-line que hice con Erika Irusta, hablaba, citando a María Milagros Rivera, de que nuestras madres tienen la opción de cuidar nuestro cuerpo para entregárnosolo a nosotras o bien de entregárselo al estado para que lo regule y registre. Es decir, entre enseñarnos a cuidar nuestro cuerpo como propio o enseñarnos cómo ser un cuerpo más de este sistema. Y esa frase me abrió la mente. Cada acción que tomamos o dejamos de tomar sobre nuestros hijos, es realmente elegir entre esas dos opciones, y tenerlo en mente nos ayudará a posicionarnos del lado que realmente queremos a cada momento.

En la sociedad en la que vivimos han sido normalizadas multitud de microacciones totalmente irrespetuosas con nuestros hijos y sus cuerpos, pero que están tan extendidas que o bien no nos las cuestionamos o bien pensamos que no tienen importancia. Y seguramente de manera aislada no tengan tanta importancia, pero cuando comienzan a acumularse sí. Son pequeñas gotas que juntas, gota a gota, van calando y dejando un mensaje claro y contundente: el mensaje de que su cuerpo no les pertenece.

crianza consciente cuerpo

¿Cuáles son esas acciones y microacciones?

Esta lista de ejemplos podría ser realmente muy larga. Aquí os dejo una pequeña lista con algunas situaciones más evidentes y otras mucho más sutiles:

  • ponerle pendientes a nuestra hija al nacer, sin que ella pueda opinar. Solo por el hecho de haber nacido con genitales femeninos.
  • decidir cuándo y cuánto tienen que comer nuestros hijos y forzarles a ello
  • pretender que estén sentados cuando necesitan moverse libremente.
  • “quitarles el pañal” cuando nosotros queremos en lugar de esperar que estén preparados para ello y tomen la iniciativa.
  • obligarles a besar a alguien cuando no quieren
  • obligarles a ponerse ropa cuando tienen calor
  • decidir su imagen cuando ya pueden hacerlo por sí mismos: qué vestir, cómo cortarse el pelo, cómo peinarse…¿cuánto de grave es que no vayan conjuntados?
  • cuando comparamos su cuerpo con el de otras personas

En muchas el mensaje no es solo “tu cuerpo no te pertenece” sino también “los demás saben mejor que tú lo que necesitas”. Por lo cual aprenden a esperar que les digan qué hacer con su cuerpo y se vuelven dependientes de los factores externos y las opiniones. ¿Cuántos de vosotros habéis querido cambiar de look alguna vez y al final no lo habéis hecho porque ha primado el miedo al qué dirán? ¿cuántas veces os ha incomodado el contacto de alguien pero no habéis dicho nada porque os parecía más incómodo hacerlo? ¿cuántas veces has hecho algo con tu cuerpo que no querías solo porque “tenías que hacerlo”?
Seguramente, como yo, has vivido muchas de estas experiencias. Te invito a que nos dejes en comentarios algunas de las que has identificado para ir tomando consciencia entre todas.

¿Es igual si es niño que niña?

Obviamente es necesario respetar el cuerpo de ambos. Sin embargo, la sociedad se ha apropiado del cuerpo de la mujer de una manera mucho mayor que en el caso del hombre.

Desde pequeñas vamos recibiendo mensajes bien diferenciados. Como por ejemplo el hecho de inculcar a las niñas que se sienten con las piernas cerradas mientras los niños se espatarran feliz y tranquilamente. O el de los pendientes que comentaba antes. Por no entrar a hablar de todo el tabú que rodea todo lo referente a la menstruación.

Por eso es necesario revisar especialmente las conductas que se refieren a nuestras hijas y sus cuerpos. No obstante, restricciones hay por ambas partes y los niños no se libran. Ellos, por ejemplo, no tienen el beneplácito social para llorar, llevar el pelo largo (según en qué ambientes), o usar falda.

Son tantas las microviolencias a los niños y niñas naturalizadas que tenemos que prestar especial atención para detectarlas y no cometerlas por inercia. Acciones socialmente aprobadas y que van rompiendo este derecho de decidir sobre el cuerpo propio desde que nacen.

Mi cuerpo, su cuerpo (educando en el ejemplo)

Además de respetar su cuerpo, los niños y niñas necesitan tener como modelo de referencia personas que también respetan y hacen respetar sus propios cuerpos.

Preguntémonos en este caso: ¿Cómo nos cuidamos? ¿Cómo nos tratamos a nosotras mismas? ¿Qué están viendo nuestros hijos e hijas de cómo respetamos nuestro cuerpo?

Es importante cuidarnos. Dedicarnos aunque sea unos minutos al día a nosotras mismas. Hacer ejercicio. Buscar el tiempo para hacer aquello que realmente queremos hacer. No permitir que otras personas abusen de ningún modo de nuestro cuerpo.

Y, por supuesto, igual que respetamos su cuerpo y el nuestro, respetar el de los demás. Respetando el cuerpo de terceras personas, nuestros hijos observan y sienten cómo tratamos a otras personas y las relaciones que tenemos con ellas. Esto implica no solo respetarlos físicamente, sino entre otras cosas, no hacer comentarios de los cuerpos ajenos: que si está gorda, que si mira ése qué pintas…etc.

¿Y entonces, ¿pueden hacer todo el rato lo que quieran?

Ésta es la típica pregunta cuando se habla de respetar a los niños. Sin embargo,  respetarles a ellos y sus cuerpos no es hacer lo que ellos quieren en todo momento. Como padres/madres es nuestra labor proteger y cuidar a nuestros hijos e hijas y a veces, precisamente por cuestiones de seguridad necesitamos hacer algo diferente a lo que ellas y ellos quieren.
Si a nuestra hija no le gusta ir en el sistema de retención infantil del coche, tenemos la opción de coger el coche o no, pero desde mi punto de vista no está la opción de cogerlo y que no vaya en su silla. Entonces puede haber momentos en que necesitemos, por su seguridad, hacer algo contrario a sus intereses.
Más motivo aún para que cuando no lo necesitemos, podamos satisfacer sus deseos. Y, desde luego, si nos vemos en una situación como la expuesta, validemos su necesidad, reconozcamos su derecho a no querer ir en la silla ( o a no hacer lo que sea) y busquemos alternativas para minimizar este tipo de situaciones. Que no podamos respetar su decisión por priorizar su seguridad, no quiere decir que no podamos hacerlo de una manera atenta y respetuosa.

Beneficios de respetar sus cuerpos

  • De este modo aprenden a respetarlo. Les damos herramientas para el futuro.
  • Respetar las decisiones que toman sobre su cuerpo e imagen fortalece su autoestima y bienestar ya que por un lado reciben el mensaje de que sus decisiones son válidas y por el otro se ven tal y como quieren hacerlo
  • Por esto mismo, se hacen responsables de sus propias decisiones y pueden aprender de los errores y de lo que no les gusta.
  • Les ayuda a empoderarse en la búsqueda de la coherencia entre sus actos y sentimientos.

Cuerpo empoderado

Y, sobre, todo, algo que es muy importante. Si no respetamos sus cuerpos  les quitamos la capacidad de decir “NO”, porque van interiorizando que no sirve para nada. Estoy convencida de que cuando sean adolescentes todo padre/madre pagaría porque su hijos, y aún más especialmente sus hijas, sepan decir y mantener un “no” ante determinadas situaciones. ¿Y si les vamos permitiendo desde ya decidir sobres sus cuerpos? 😉

 

Mada Guzmán

Desaprendiz artística at Desaprendiendo Para Aprender
Tras años dedicada al teatro y la creación escénica, la crianza de mi hija me hizo replantearme infinidad de creencias que hasta el momento había aceptado como ciertas. Para poder llevar a cabo una crianza consciente necesité ir liberándome de todos esos patrones que me limitaban. Para ellos comencé a formarme, a leer mucho, co-crear diferentes proyectos de crianza y educación y sobre todo, comencé a hacer las cosas de otra manera. Hoy quiero compartir contigo mi experiencia porque sé que ver el camino de otras madres nos ayuda a encontrar el nuestro propio.