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Estoy seguro de que en muchas ocasiones has vivido situaciones de tensión, o de que hay temporadas en las que tus hijos parecen más “enfadados”, con más rabia. Son épocas en las que se muestran más exigentes y te hablan gritando o con falta de respeto constantemente.

Cuando un niño se siente mal es difícil que pueda hacer sentir bien a los demás. Cuando una persona adulta se siente mal es difícil que pueda hacer sentir bien a otra.

Como decía en el post «¿Pueden los niños tomar decisiones?», cuando un niño toma decisiones en un entorno emocionalmente seguro y es valorado, su autoestima crece. Gracias a esto, se siente bien y, por lo tanto, puede mostrarse más alegre, más colaborador, más atento.

Podemos pensar que ya toma muchas decisiones en su vida, pero entonces valoremos cuántas veces no toma decisiones, cuántas veces se limita a hacer aquello que nosotros hemos previamente decidido. Pongamos ambas situaciones en una balanza y veamos lo que en verdad está pasando.

Podemos pensar que hay cosas que no pueden elegir. En muchos casos será cierto, y en otros será sencillamente, que no estamos dispuestas a darles ese espacio. Por ejemplo, ¿eligen ir al colegio? o ¿que les recoja un familiar? o ¿la comida? ¿la hora de levantarse, o que día se bañan?, ¿deciden que mamá trabaje o qué pueden ver en la tele?

Insisto, no es mi intención opinar en este post sobre qué decisiones les permitimos tomar y cuáles no. Un niño no debería tomar decisiones sobre responsabilidades que no le corresponde pero no por eso, esa situación en concreto deja de sentirse como impuesta. Solo quiero dejar la reflexión y tomar conciencia de esta realidad para cada familia.

Así, lo cierto es que tomamos muchas decisiones por ellos, viven nuestra realidad y bajo nuestra responsabilidad. Y esto queramos o no, crea tensiones, desconexiones y malestares, que pueden hacer que nuestros hijos “exploten”,  tengan, como decía, más “rabietas”, estén como enfadados, étc…

Qué podemos hacer en esas situaciones 

Pues bien, una herramienta que ayuda a mejorar la relación con nuestros hijos y que permite que se sientan plenos, alegres, confiados, empoderados, colaboradores, amables y mucho más es… ¿lo adivinas?

DEJARLES TOMAR DECISIONES

¿Y qué es lo que se suele hacer en estos casos? Justamente todo lo contrario.

 

¿Increíble verdad? Cuando más necesitan nuestros hijos que les comprendamos, que le atendamos y que puedan elegir, entonces nuestro ego, nuestras creencias y nuestros miedos se apoderan de nosotros y actúan. En lugar de ponernos en su lugar, ayudarles, comprenderlos y dejar que tomen decisiones, lo que hacemos es reprimirlos y castigarlos. ¿cómo van a sentirse bien así?

 

Cómo lo viven ellos

Al centrarnos en limitar su conducta sin atender sus necesidades, no les estamos escuchando, no les tenemos en cuenta, y ellos se sienten cada vez peor, frustrados e impotentes, más enfadados, con más rabia y por supuesto con cero ganas de colaborar o ser agradecidos o amables. ¿No es lógico? ¿No te pasa en cierto modo a ti lo mismo y por eso te cuesta tanto tratarle empáticamente cuando tiene actitudes que te molestan?

Cuando nuestro hijos tienen opciones y pueden elegir y tomar decisiones, entonces son tenidos en cuenta y se sienten mucho mejor. Gracias a ello, su autoestima es mucho mayor.

Es desde ahí, cuando pueden mostrar mucha más colaboración, cuando una persona se siente bien, y puede tomar sus decisiones y son valoradas, entonces sus acciones se corresponden con su bienestar.

Al sentirse valorados, pasan a comportarse ‘bien‘ porque no necesitan demandar constantemente atención con formas que nos disgustan. Al poder elegir, no se sienten coaccionados o reprimidos. Al tomar decisiones, se siente personas decididas, responsables, valiosas… Se llena su autoestima y su autoconcepto. Todo esto hace que puedan seguir tomando cada vez más decisiones y saber que no son ni serán juzgados por ello.

Aprenderán así a equivocarse, a caerse y a levantarse después. Y si estamos ahí para acompañarles y no juzgarles, seguirán aproximándose cada vez más a sus deseos y necesidades auténticas y volviendo a reconectar consigo mismos.

Sea como sea, cuando dejamos que tomen decisiones y tenemos la paciencia necesaria, para dejarles el tiempo para que lo hagan, entonces ocurren cosas maravillosas. Porque nuestros hijos son seres agradecidos, que corresponden y que saben qué es lo que quieren.

Como conclusión, si queremos mejorar la relación con nuestros hijos, si queremos solucionar “problemas de comportamiento”, si queremos que conecten con sus necesidades y aprendan a ser más responsables, si queremos que sean más colaboradores… en definitiva si queremos que sean más ellos y, por tanto, más felices… Entonces, entre otras cosas que recomendamos dejemos que tomen más decisiones y tengan más opciones donde elegir.

Puedes dejarnos tus impresiones en los comentarios, ¡estaremos encantados de leerte y contestarte!

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Jose Ramón Fernández

Desaprendiz pedagógico at Desaprendiendo Para Aprender
Educador social con larga experiencia endiversos ámbitos educativos.
Considera el acompañamiento emocional el eje básico en cualquier proceso de aprendizaje.
Actualmente, es acompañante de un proyecto de educación libre en la naturaleza.

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