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¿Qué buscamos en la educación?

Al pensar cómo queremos educar a nuestras hijas e hijos, alumnado, etc., no siempre tenemos claro qué es exactamente lo que queremos. Con frecuencia sabemos mucho mejor lo que no queremos, que viene a ser, a groso modo, todo aquello que no nos gustó de la educación que recibimos.
Pero aún cuando creemos tener clara nuestra visión de la educación y cómo queremos llevarla a cabo, hemos interiorizado tantos patrones ajenos a nosotros y a nuestros valores, que en el día a día nos contradecimos con multitud de microacciones.

Y es que es difícil, muy difícil. Y ése es uno de los objetivos de Desaprendiendo Para Aprender: ir dándonos cuenta de esas microacciones (a veces no tan micro) que en realidad se deben a creencias profundas que nos fueron inculcadas y que no siempre somos capaces de ver.

Uno de los elementos que solemos tener claro cuando pensamos en una educación alternativa es que no queremos educar niños obedientes, sumisos y conformistas. No queremos que acaben siendo mano de obra barata porque no sepan decir no, ni luchar por lo que quieren. Queremos que sean capaces de lograr sus sueños, de lleva cabo su propia iniciativa. Sin embargo, paradójicamente, muchas veces nos encontramos enfadándonos cuando no hacen aquello que les pedimos.

Demostramos que pedimos, y no exigimos, con nuestra forma de responder a los demás cuando no aceptan satisfacer nuestros deseos” – Marshall B. Rosenberg

¿Cómo diferenciamos entonces una petición de un exigencia?

Ponemos nuestra atención en cómo les hacemos las peticiones para que no parezcan órdenes, para que no sean imposiciones Queremos tratarles con respeto y pedirles las cosas como nos gustaría que se nos pidieran a nosotras mismas. Sin embargo, todo esto no es más que la superficie, que en realidad puede estar tratando de ocultar que estamos haciendo una exigencia y no una petición. Como dice Marshall B. Rosenberg, lo que diferencia una petición de una exigencia es nuestra reacción ante la respuesta de la otra persona, en este caso de nuestros hijos o alumnado (aunque es aplicable a cualquier relación, claro).Decir No

Podemos pedir algo con todo el amor del mundo pero si nos enfadamos ante su negativa, está claro que aquello no era una petición, ¿verdad? Teniendo esto en cuenta, parece que exigimos a nuestros hijos más veces de las que creemos. ¿Cómo podemos hacer entonces?

Creo que en este punto es clave plantearse lo siguiente: Si ideológicamente tenemos el convencimiento de que no queremos que  nos obedezcan de inmediato por miedo a las consecuencias, sino que queremos que a largo plazo realmente quieran colaborar de manera voluntaria cuando les pedimos algo, ¿qué es lo que nos está bloqueando? ¿qué pensamientos son los que nos vienen a la cabeza al escuchar su ‘no’?

¿Y si ‘no funciona’?

A veces hay personas que nos dicen, “Yo ya he probado a pedirle las cosas en lugar de ordenárselas y no funciona, no me hace caso”. Y creo que eso es un claro ejemplo de lo que comentamos. No podemos engañarles, si saben que nos vamos a enfadar si ‘no nos obedecen’ ya saben que es una orden.
Por otro lado, no se trata de pedir para que nos lo den o para que nos hagan caso. Se trata de pedir porque no queremos exigirles, porque realmente no creemos que debamos tener ningún poder sobre ellos más allá de la responsabilidad de su bienestar. Porque no queremos una estructura familiar jerárquica. Y por tanto, su ‘NO’ es una respuesta perfectamente válida. Exáctamente igual de válida que cuando ellas nos piden algo y les decimos «NO».

De hecho, todas querríamos que nuestras hijas y nuestros hijos sean capaces de decir ‘No’ ante determinadas situaciones y para ello, es necesario que aprendan a decirlo en un entorno seguro y sin juicios, donde vayamos a respetar su negativa cómo queremos que la respeten otras personas más adelante.

Tratar con respeto sólo para ver si «funciona» no es en absoluto respeto, sino manipulación, chantaje. El mensaje que reciben es «te trato bien si me obedeces». Y estoy segura de que ése no es el mensaje que les queremos transmitir, ¿verdad?

Es importante siempre en educación saber que aquello que hoy sembramos, tardaremos en recogerlo. Por tanto, tratar con respeto a nuestros hijos traerá a la larga su cooperación y su respeto hacia nosotras. El resultado buscado no es su obediencia hoy.

Brotando aprendizajes

¿Qué hacemos entonces para conseguir lo que queremos?

Hay veces, que por diversos motivos (seguridad, organización….) necesitamos que nuestros hijos hagan o dejen de hacer algo en un momento determinado. Ej: vestirse ya porque sino perdemos el tren para llegar a tiempo al dentista. ¿Cómo hacemos entonces?
Lo primero es relativizar cada situación y ser honestas con nosotras mismas de si realmente existe esa prisa o estamos actuando por inercia. Esto va a minimizar mucho las veces en que realmente necesitemos su colaboración inmediata.
Cuando haya prisa sí o sí, entonces, seremos claras. «Necesito que te vistas ya, porque sino no llegaremos al tren y no llegaremos al dentista, y para mí es importante llegar para que puedan revisar tu boca». Un mensaje claro, directo, y sin enfados. Si en este momento nos enfadamos por la prisa, volvemos a entrar en la exigencia.  Estemos presentes ayudándoles a hacer aquello que le pedimos y hágamoslo con gusto. A lo mejor ya se viste solo, pero ante la urgencia necesita ayuda para poder hacerlo.
Y en cada situación podemos aprender. Seguro que hay algo que podíamos haber previsto o haber dejado preparado para que la salida de casa fuera más fluida, y la próxima vez podemos tenerlo en cuenta.

Reflexión final

Dejo como cierre un fragmento del libro Summerhill – Un punto de vista radical sobre la educación de los niños” de A. S. Neill, que habla precisamente de que a veces un simple cambio de forma no basta. Por lo general, el cambio debe estar más adentro.

“Nuestro sistema necesita hombres que se sientan libres e independientes, pero que, sin embargo, hagan lo que se espera de ellos, hombres que encajen en el mecanismo social sin fricciones, que puedan ser guiados sin recurrir a la fuerza, conducidos sin líderes y dirigidos sin otro objetivo que el de ‘hacerlo bien’. No es que la autoridad haya desaparecido, ni siquiera que sea más débil, sino que de autoridad evidente de fuerza se convirtió en autoridad anónima de persuasión y sugestión. En otras palabras, para ser adaptable, el hombre moderno se ve obligado a alimentar la ilusión de que todo se hace con su consentimiento, aun cuando ese consentimiento se le extraiga mediante una manipulación sutil. Su consentimiento es obtenido, por decirlo así, por la espalda, o a espaldas de su conciencia.”

 

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Mada Guzmán

Desaprendiz artística at Desaprendiendo Para Aprender
Tras años dedicada al teatro y la creación escénica, la crianza de mi hija me hizo replantearme infinidad de creencias que hasta el momento había aceptado como ciertas. Para poder llevar a cabo una crianza consciente necesité ir liberándome de todos esos patrones que me limitaban. Para ellos comencé a formarme, a leer mucho, co-crear diferentes proyectos de crianza y educación y sobre todo, comencé a hacer las cosas de otra manera. Hoy quiero compartir contigo mi experiencia porque sé que ver el camino de otras madres nos ayuda a encontrar el nuestro propio.
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