¿Te ha pasado alguna vez, que llegas a un sitio y tu hijo o hija ‘no sabe comportarse’ como esperas de él o de ella? Se mueve ‘demasiado’, ‘molesta’, ‘llama la atención’, se muestra ‘exigente’, habla ‘muy alto’… y tú te sientes incómodo, tenso, observado, juzgado…

No sabes o no te das cuenta por qué, pero de pronto todas las emociones de tu peque se desbordan, no puede controlarse y parece que no hay un motivo.

Cuando esto ocurre es porque detrás hay necesidades no satisfechas. En muchas ocasiones como hemos hablado en este vídeo se trata de necesidades físicas, biológicas, emocionales en las que nuestro hijo (y nosotros mismos) no nos sentimos bien.

Pero en otras ocasiones no parece que se exista un malestar, o que estén enfadados ni tensos. Parecen felices y contentos, pero tanta actividad y energía nos cuesta aceptarla o no es el lugar adecuado para sacarla.

Algunas situaciones pueden alterar a nuestros hijos emocionalmente, provocando que no sean capaces de gestionar esas emociones y acaben tan desbordados que no pueden ‘controlarse’.

Es curioso entonces cómo reaccionamos las personas adultas. En muchas de esas ocasiones, les pedimos, o más bien exigimos, que se controlen o que paren, o que estén tranquilos, cuando nosotros no estamos siendo capaces de hacerlo. Les hablamos con tensión, enfado, o poco cuidado por las necesidades y emociones de la otra persona porque también nosotros nos sentimos emocionalmente desbordados. Aquí es fundamental mirar hacia nuestro interior, como te explicamos en este vídeo, para ver qué nos está pasando.

¿Te suena esto que te voy a contar?

Hace unos días me sucedió una cosas que te quiero contar. Recibimos la visita de una familiar, mi hermana. La relación de nuestra hija y mi hermana es super bonita, intensa y llena de amor. Gabriela, cuando está su tía quiere pasar todo el tiempo con ella, jugar, dormir, cuentos… llevaba días preguntado cuándo llegaría la tía. Feliz y deseosa fuimos a buscarla en coche a la estación de tren.

No pudimos bajar del coche, llegamos muy justos de tiempo. Así que la tía, entró al coche y nos fuimos. Decidimos ir a Nava, una pequeña villa Asturiana a jugar un rato en el parque y a tomar algo en una cafetería.

Cuando bajamos del coche, decidimos primero ir a la cafetería y después ir al parque. Oooooohhh ¡Error , error, error…! ¿Por qué? ¿Qué pasó?

De camino a la cafetería, comenzó el desborde, la llamada de atención pero todo se volvió más intenso cuando llegamos a la cafetería. Gabriela no paraba de tirar del brazo de su tía, de hablar muy alto, de saltar, de dar vueltas. Apenas, podíamos pedir. Y decidimos salir fuera nuevamente sin tomarnos nada.

¿Qué hay detrás de ese descontrol?

La llegada de la tía, era algo que llevábamos unos días esperando con gran ilusión. Gabriela tenía muchísimas ganas de verla y resulta que lo primero que planteamos es meternos en una cafetería cuando está recién llegada.

Ella sólo quería su atención, su presencia, jugar con ella, liberar esa energía que llevaba dentro desde hacía unos días. Deseaba con toda su alma abrazarla, ‘tenerla’ y justo ahora que la tiene vamos a un sitio donde no puede liberar toda esa emoción.

Era como si tuviera una bomba de confeti en su interior, una fiesta de fuegos artificiales, y estuviera deseando poder liberarla y llenar todo de color. ¿Te resulta esto familiar?

¿Qué es lo qué ha pasado en todo este proceso?

 

Esto es lo que ocurre, se llenan de una emoción y necesitan expresarla, sin filtros, sin condiciones. Son pura emoción a flor de piel.¿Qué tiene eso de malo? Necesitan expresarla, más bien sentirla y sacarla fuera. Que todo el mundo se entere o no, eso es algo que les da igual, aunque a nosotros suela preocuparnos bastante.

Esta manera de sentir es lo sano, lo saludable: sentir las expresiones y dejarlas ir. Hemos aprendido tan fuertemente a reprimir las nuestras que nos cuestan realmente entender que esto sea así.

Es una expresión emocional visceral, desde lo más profundo, y lo único que requiere es aceptación, amor y no juicio. Buscar la manera de que pueda ser atendida y sacada hacia fuera. Liberar esa carga que, aunque positiva, está dentro, llena de energía a punto de estallar… Y de hecho estalla.

Así que cambiamos de idea y nos fuimos al parque. Ya de camino hay abrazos, risas, juegos, saltos, gritos de emoción…. toda la energía se transforma y poco a poco se va liberando esa carga. De tal modo, que un rato ‘largo’ después, sí podemos ir a la cafetería y ya todo es más sencillo para todas las partes.

 

¿Cómo nos acercamos a estas situaciones?

La mayoría de las veces, cuando ocurren episodios en los que nuestros hijos se desbordan, actuamos con tensión o enfadados, ponemos juicio o culpa en sus acciones y en sus emociones, no atendemos a las necesidades que hay detrás ni damos opciones, nos quedamos enfrascados en el problema que supone criticando o exigiendo.

Nos dejamos dominar por nuestras creencias, nuestros miedos, nuestros propios juicios, por la culpa y por los debería…

  • Debería saber comportarse en los lugares
  • Debería poder controlarse
  • Debería hacer caso y parar porque puede hacerlo
  • Debería, debería, debería…

 

¿Es esto lo que necesita en ese momento?

¡Por supuesto que no! Lo que necesita es nuestra comprensión y aceptación. Nombrar lo que están viviendo y sintiendo. Dar espacio y lugar a cubrir esa necesidad emocional. Atender a su llamada y poder vivir de este modo todas esas emociones.

No somos conscientes muchas veces de que las emociones ‘positivas’ también cargan de energía y estás pueden acabar desbordándose si no son acompañadas y vividas. Y ocurre que salen cuando menos lo esperamos o cuando menos preparadas estamos para recibirlas.

Por lo tanto, necesitamos dar cabida a estas manifestaciones, y dejar que sean vividas buscando la manera de hacerlo de modo que todas las partes vean cubiertas sus necesidades. Como adultas, somos las que podemos parar y analizar esas situaciones si nos mantenemos conscientes de ellas y de este modo posibilitar la expresión de las mismas.

Somos nosotros quienes podemos flexibilizar, facilitar, atender y acompañar. Siendo el ejemplo que nuestros hijos necesitan y dando lugar a espacios y momentos donde satisfacer esas necesidades que sin duda harán que nos sintamos todas mejor.

Y desterrando esa idea de que ‘no puede ser siempre lo que ellos quieran’ o que ‘tienen que aprender a comportarse y punto’. Recordemos que la crianza no se trata de una lucha sino de un camino compartido.

Puedes dejarnos tus impresiones en los comentarios, ¡estaremos encantados de leerte y contestarte!

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Jose Ramón Fernández

Desaprendiz pedagógico at Desaprendiendo Para Aprender
Educador social con larga experiencia endiversos ámbitos educativos.
Considera el acompañamiento emocional el eje básico en cualquier proceso de aprendizaje.
Actualmente, es acompañante de un proyecto de educación libre en la naturaleza.