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El viaje

Durante el viaje a Chile viajamos con este jeep, cortesía de mi primo 🙂

En mayo de 2015 decidimos comenzar a viajar con nuestra hija de 3 años por España, Francia y Chile. Salimos con la intención de aprender, de aprender y de seguir aprendiendo. Pero no fue hasta que nos detuvimos que pudimos asimilar y reconocer todo lo que habíamos aprendido en esos meses. Han sido muchos los aprendizajes realizados en este tiempo. Seguramente, haya aprendizajes de los que aún no seamos conscientes, pero queremos compartir contigo los 7 aprendizajes que nos han sido más relevantes y decisivos.

 

1) La importancia de volver a bailar:

Cuando buscar un sitio para dormir se vuelve tu única ‘obligación’ diaria tienes mucho tiempo para conectar contigo. Eso nos hizo darnos cuenta del tiempo que llevábamos desconectadxs de nuestras propias pasiones y lo importante que era para nosotrxs retomarlas.

Para mí, volver a bailar, cada día, aunque sea un rato, aunque sea una canción; para Jose, hablar, debatir, reflexionar con otras personas sobre educación y otros temas que le apasionan.

Es necesario nutrirnos de lo que nos alimenta, y decidir conectar con nuestras pasiones es lo que hace que no tengamos la sensación de que los días se pasan rápidamente para nunca más volver.

2) Atreverse a pedir:

Nos han inculcado que nuestros logros tenemos que conseguirlos solxs, que no debemos confiar en las personas desconocidas y que pedir ayuda es de débiles. Y esto hace que en el día a día nos encerremos en nuestros círculos sociales y nos relacionemos con vendedores, médicos y demás profesionales en lugar de relacionarnos con las personas que hay detrás de esos trabajos. Sin embargo, más allá de nosotrxs el mundo está lleno de personas, y muchas de ellas dispuestas a ayudarte, si saben cómo.

Durante el viaje, aprendimos a pedir aquello que necesitábamos y que otras personas podían y querían darnos. Perdemos demasiadas cosas por no atrevernos a pedirlas, por no atrevernos a ver a las personas que están del otro lado. Por lo general, estamos dispuestxs a dar muchas cosas que, sin embargo, no estaríamos dispuestxs a pedir.

3) Aprender a soltar:

Vivimos apegadxs a nuestras cosas, a nuestras relaciones, a nuestras rutinas. En el viaje pudimos vivir experiencias muy bonitas y muy intensas, relaciones muy especiales con diferentes personas… Y para poder continuar el viaje, debimos aprender a disfrutar primero y a soltar después.

Como dice Mario San Miguel en una de sus canciones «Hay que aprender a coger con suavidad y a soltar con fuerza». Importante tenerlo en cuenta cada vez que sentimos que aquello que nos gusta, que aquello que amamos nos ata y no nos permite avanzar en nuestro camino.

4) Prescindir de lo prescindible:

Viajar 3 personas en una Nissan Nv200 te hace elegir muy bien qué es aquello que quieres llevar contigo. Así que aquel 1 de mayo de 2015, salimos de casa con ‘muy pocas cosas’. O eso creíamos.

A las 2 semanas hicimos la primera criba y la madre de Jose, con la que habíamos quedado unos días en la playa, se llevó un montón de esas ‘pocas cosas’ a su casa a Madrid. Mes y medio después, antes de cruzar la frontera hacia Francia, le enviábamos por correo un caja de 8 kgs.

Y aún así, seguimos sintiendo que nos sobraban cosas. En ese tiempo fuimos aprendiendo a valorar qué nos era realmente útil y qué no, y nos sirvió para darnos cuenta de la cantidad de cosas que teníamos en nuestra vida diaria y que eran totalmente prescindibles.Prescindir de lo prescindible

5) Aprendizaje mutuo:

Como decía antes, emprendimos el viaje con la intención de aprender mucho y ya desde el principio nos dimos cuenta de que éste aprendizaje era mutuo. Nosotrxs aprendíamos de los entornos y proyectos donde íbamos, de las personas que conocíamos y con las que compartíamos nuestro tiempo. Y del mismo modo dejábamos un aprendizaje en ellxs. Gente que incluso nos daba las gracias por el simple hecho de estar haciendo lo que estábamos haciendo.

Aprendimos esto con nudos en la garganta y pieles erizadas. Tomamos consciencia de cómo muchas veces vamos por la vida, sin darnos cuenta de la huella, para bien o para mal, que vamos dejando en los demás.

6) A analizar la prisa real que tenemos:

Siempre he creído que la prisa era el mayor enemigo que tenía para una comunicación empática y respetuosa con mi hija. Más de una vez y de diez nos hemos visto apurándola porque ‘teníamos que hacer alguna cosa’ y ella se entretenía a jugar, o se demoraba en vestirse o una infinidad de supuestos más. Pero estas prisas, fuera de una rutina de horarios y obligaciones habitual, la mayoría de las veces no tenían sentido.

Hemos aprendido a pararnos a pensar y preguntarnos: ‘¿Realmente tengo tanta prisa o simplemente quiero hacer las tareas ya porque estoy acostumbrada a que primero el trabajo y después el disfrute?’ ‘¿Puedo posponer esa tarea?’ ‘¿me está asaltando la creencia preaprendida de que soy yo quien debe mandar y no puede ser ella quien decida qué hacemos ahora?’

Os aseguro que la mayoría de las veces, las preguntas nos hacían relajarnos y disfrutar del juego de nuestra pequeña.

Crecer viajando

7) Que a veces lo que en un sitio parece imposible, en otro es algo natural:

Aprendizaje básico de quien ama viajar. Como ejemplo pondré un tatuaje. Mi pareja, por motivos personales, decidió tatuarse un cactus junto a la ribera de un río, un río con vida. Y recuerdo que en el estudio de tattos le dijeron que podía hacerse claro, aunque fuese algo irreal. Unos meses más tarde, viajando por el valle del Elqui hacia el norte de Chile, paramos el coche para poder observar bien: justo a los lados de un río crecían multitud de cactus, algunos muy similares a los del tatuaje de Jose.

A veces, algo nos parece imposible solamente porque no lo hemos visto nunca y, viajar, entonces, nos abre los ojos.

 

 

¿Te apetece compartir qué otros aprendizajes has experimentado al viajar?

 

Mada Guzmán

Desaprendiz artística at Desaprendiendo Para Aprender
Tras años dedicada al teatro y la creación escénica, la crianza de mi hija me hizo replantearme infinidad de creencias que hasta el momento había aceptado como ciertas. Para poder llevar a cabo una crianza consciente necesité ir liberándome de todos esos patrones que me limitaban. Para ellos comencé a formarme, a leer mucho, co-crear diferentes proyectos de crianza y educación y sobre todo, comencé a hacer las cosas de otra manera. Hoy quiero compartir contigo mi experiencia porque sé que ver el camino de otras madres nos ayuda a encontrar el nuestro propio.
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