Si ya no sabes qué hacer para educarles, seguramente no estés teniendo en cuenta la clave que te queremos contar hoy.

Educar bien a los hijos

Todos los padres y madres queremos que saber ‘educar bien’ a nuestros hijos, queremos ser capaces de conducirles hacia una vida satisfactoria y plena y proporcionarles las herramientas necesarias para lograrlo.

En este intento de criarlos bien, tratando de hacerlo siempre lo mejor posible, vamos buscando e integrando formas de conseguir que nuestros hijos se conviertan en esos hijos ejemplares que de algún modo buscamos. Lo primero que nos sale es aquello que hemos aprendido desde pequeños: lograrlo a base de controlar la conducta de nuestros hijos.

Al decir esto me estoy refiriendo solo a técnicas más conductistas como los castigos. (Para saber por qué no recomendamos utilizar estos métodos, puedes ver nuestro vídeo Cómo educar sin castigar – STOP Castigos.)

Me refiero también a todo intento de mejorar la conducta de nuestros hijos enfocándonos solamente en esta, tratando de modificarla en sí misma.

Como ya nos habrás oído seguramente decir en otras ocasiones, detrás de cada conducta de nuestros hijos hay siempre un motivo, y es a estos motivos a donde tenemos que enfocar nuestra atención.

Siempre hay un motivo para sus comportamientos...

No podemos resolver un pinchazo volviendo, simplemente, a inflar nuestra rueda. Al menos no de manera definitiva y duradera. Podemos inflar el mismo neumático miles de veces, pero sino revisamos por dónde se fuga el aire para ponerle un parche, la rueda se seguirá desinflando una y otra vez.

Uno de los motivos de mayor peso

Hoy queremos prestar atención a uno de esos grandes motivos que hacen que nuestros hijos tengan actitudes que nos desagradan y que no sepamos cómo atenderlas. Para nosotros es la gran piedra angular.

Es aquello que hace que por más que llevemos a la práctica métodos y métodos de crianza y educación, no consigamos los resultados deseados. Y es a la vez, la clave que nos permite tomar la plena responsabilidad de nuestra labor como madres y padres: NUESTRO EJEMPLO.

Hemos perdido el sentido de la crianza. Continuamente nos posicionamos frente a nuestros hijos evaluando y juzgando sus acciones, en lugar de mirarnos a nosotras mismas con una actitud crítica y reflexiva.

La crianza de nuestros hijos no van de la agotadora y frustrante tarea de cambiar a los hijos, sino del apasionante camino de transformarnos a nosotros mismos.

Es una oportunidad vital única para transformarnos y crecer nosotras, y por lo general, la desaprovechamos tratando de culpar a nuestros hijos y eludiendo así el duelo de tomar la plena responsabilidad de nuestra vida.

Cambio de rol

Cuando entendemos que esto es en verdad la crianza, ya no podemos seguir desempeñando el mismo papel como padres y madres. Nos ha llegado el momento de comprender que no es nuestra misión ser los policías ni jueces de nuestros hijos, sino de ser sus guías.

Todo aquello que queramos ver reflejado en su conducta debemos de incorporarlo primero a nuestras vidas. Si nos preocupa que nuestros hijos sean mentirosos, eliminemos toda mentira , por pequeña que sea, de nuestra boca. Si queremos que nuestros hijos tengan una alimentación más saludable, revisemos también la nuestra. Si no soportamos cuando oímos a nuestros hijos criticar a un amigo, no volvamos JAMÁS a criticar a nadie…

No hay modo más poderoso de influir en nuestros hijos que con nuestro ejemplo. Como decía Albert Einstein, “Dar ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás, es la única manera”.

La clave para la coherencia

Además, una de los grandes regalos de convertirnos en el ejemplo que queremos para nuestros hijos, es LA COHERENCIA.

De hecho, si lo pensamos bien, veremos que lo contrario no tiene sentido. Si queremos educar a nuestros hijos en unos valores y con unos hábitos, será porque pensamos que son los mejores ¿no? ¿Entonces, por qué no íbamos a querer aplicarlos también en nuestra vida?

El único motivo real por el que preferimos cambiar a nuestros hijos en lugar de cambiarnos a nosotros mismos es porque es muchísimo más cómodo. Siempre parece más fácil el cambio en los demás que en una misma, ¿verdad? Es más fácil esperar que otros asuman su responsabilidad que asumir la propia.

Como se suele decir, la respuesta está en nuestro interior. Deja de buscar cómo modificar lo que está fuera de ti, y céntrate en transformarte tú. Verás cómo todo cambia a tu alrededor. Para educar bien a nuestros hijos, primero debemos educarnos bien a nosotros mismos.

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Mada Guzmán

Desaprendiz artística at Desaprendiendo Para Aprender
Tras años dedicada al teatro y la creación escénica, la crianza de mi hija me hizo replantearme infinidad de creencias que hasta el momento había aceptado como ciertas. Para poder llevar a cabo una crianza consciente necesité ir liberándome de todos esos patrones que me limitaban. Para ellos comencé a formarme, a leer mucho, co-crear diferentes proyectos de crianza y educación y sobre todo, comencé a hacer las cosas de otra manera. Hoy quiero compartir contigo mi experiencia porque sé que ver el camino de otras madres nos ayuda a encontrar el nuestro propio.