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¿Cuántas veces te has visto en la situación de que tu hijo o tu hija tengan un conflicto con otros peques y no sepas muy bien cómo actuar? Tenemos miedo sobreproteger pero también tenemos miedo de desproteger y no actuar cuando es necesario. 

En este post te damos las claves necesarias a tener en cuenta para saber cuándo es conveniente intervenir y cuando no.

CUÁL ES NUESTRA REFERENCIA

Por norma general, no hemos sido acompañados emocionalmente de una manera sana en los conflictos que tuvimos de pequeñas con otros niños y niñas y por ello, el modelo de atención que interiorizamos no es el más adecuado y respetuoso.

En el primer capítulo de esta serie “CONFLICTOS ENTRE NIÑOS” vimos cómo deshacernos de parte de estos condicionamientos (puedes leerlo en ‘Cómo enseñar a nuestros hijos que no se pega’).

Después de ese post, muchos nos habéis preguntado cómo intervenir, pero antes de abordar eso, queremos plantearnos si es necesario siempre intervenir.

4 CLAVES A TENER EN CUENTA

Aunque realmente podríamos enumerar un sinfín de factores, vamos a compartirnos 4 claves principales para ayudaros a discernir si intervernir en un conflicto entre peques o no.

La edad de los niños

No es lo mismo un conflicto entre bebés de 1 año que entre niños de 9 años, principalmente porque su nivel de desarrollo es diferente y por tanto, también lo son sus herramientas de comunicación y de gestión emocional entre otras.

Cuánto más pequeño un niño, más necesita nuestra guía en esas situaciones. Ojo,esto no quiere decir que haya una edad a partir de la cual sistemáticamente dejen de necesitarnos, pero sí que conforme crecen, aumenta la flexibilidad en nuestras intervenciones.

Cómo se sienten nuestros peques

Seguro que has comprobado que tus peques no se comportan igual ante una situación similar en función de cómo se encuentran. Concretamente hay ciertas circunstancias que pueden afectarles más: cuando tienen hambre o sueño, cuando no hemos podido dedicarles mucho tiempo, cuando están tristes por algo…

Ser conscientes de cómo estos cambios afectan a nuestros hijos es fundamental para conectar con sus necesidades y saber cuándo pueden estar necesitando más ayuda para gestionar algunas desaveniencias.

Por lo general, cuando tenemos alguna necesidad no cubierta, tenemos mayor tendencia a una reacción automática y a nuestros peques les pasa igual. Por eso, estar atentas nos puede ayudar a prevenir muchos pequeños conflictos.

Si se está habiendo un posible abuso.

Antes comentábamos la edad de los peques como un factor a tener en cuenta pero, además, habría que mirar si, por ejemplo, no hubiera una diferencia muy grande de edad entre ellos porque en ese caso podría estar habiendo un abuso de poder y una desigualdad entre los peques, con lo cual sería necesario intervenir.

Además de la edad sería necesario analizar que no haya otro tipo de condiciones abusivas que se nos puedan estar pasando por alto.

Si se están o se van a hacer daño

Es necesario que entendamos que la agresividad (que no la violencia) es algo innato. Es un mecanismo de protección que nos permite velar por nuestra seguridad, por nuestra intimidad, por nuestro espacio vital…

Y aunque desde fuera a veces no veamos de qué se están protegiendo nuestros hijos, muchas de las veces que un bebé alarga la mano para golpear a otro está buscando protegerse de algún modo.

Con lo cual es normal que se griten y que incluso se peguen. Es normal y natural y parte del proceso que les lleva a la obtención de otras herramientas sociales. Pero esto no quiere decir que debamos dejarles hacerse daño.

Si están haciéndose daño o vemos que se lo pueden llegar a hacer, es necesario que intervengamos protegiéndoles, evitando que se hagan daño, aunque permitamos que sigan con la discusión.

Entonces ¿cuándo intervenimos?

Con todo esto, tenemos que aprender a valorar cada situación por separado. En líneas generales sería cada vez que creamos que nuestros hijos no tienen las herramientas para desenvolverse bien, haya alguna situación de abuso o si existe riesgo de hacerse daño, y especialmente si están irritables por algún motivo.

Mientras no sea necesario que intervengamos activamente, podemos observar y ver cómo van manejando la situación, permitiendo de este modo que poco a poco vayan haciendo suyas otras maneras de  actuar en los conflictos. 

Muchas veces somos las personas adultas las que agrandamos el problema inicial por nuestra intervención cargada de juicios y de tensión.

No intervenir no significa desentenderse

Es muy frecuente que cuando hablamos de crianza respetuosa o educación alternativa, se hable mucho de que los niños tienen que resolver los conflictos ellos solos, y esto muchas veces lleva a malos entendidos y malas gestiones de estas situaciones.

En ocasiones este mensaje se utiliza como ‘excusa’ para desentenderse de los niños, y dejarlos que jueguen solos, sin ningún tipo de supervisión y dejando que ellos solos se las apañen. Y si bien creemos que los niños según crecen necesitan sus espacios de juego al margen de la mirada adulta, esto no implica que nos podamos desentender y no estar disponibles para ellos cuando nos necesitan.

Es más fácil pasar de ellos y después ‘arreglarlo’ todo con 4 gritos para que se termine la pelea pero estarás conmigo de que a largo plazo nuestros hijos carecerían de un buen modelo a seguir para la gestión de sus conflictos.

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Mada Guzmán

Desaprendiz artística at Desaprendiendo Para Aprender
Tras años dedicada al teatro y la creación escénica, la crianza de mi hija me hizo replantearme infinidad de creencias que hasta el momento había aceptado como ciertas. Para poder llevar a cabo una crianza consciente necesité ir liberándome de todos esos patrones que me limitaban. Para ellos comencé a formarme, a leer mucho, co-crear diferentes proyectos de crianza y educación y sobre todo, comencé a hacer las cosas de otra manera. Hoy quiero compartir contigo mi experiencia porque sé que ver el camino de otras madres nos ayuda a encontrar el nuestro propio.
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