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Como actuar ante peleas infantiles

¿Te preocupas cómo intervenir en los conflictos infantiles?
¿Te gustaría saber cómo lograr atender a ambas partes de la manera más respetuosa posible?
¿Quieres entender qué hay detrás de una conducta aparentemente agresiva?

En los últimos posts hemos analizado a través de un ejemplo propio Cómo enseñar a los niños a no pegar, haciendo especial hincapié en la importancia de la coherencia y el ejemplo, aunque además te mostramos motivos y situaciones que se dan cuando un niño o una niña pega, lo que le afecta y cómo se puede estar sintiendo.

También te invitamos a reflexionar sobre en qué casos y por qué es necesario intervenir en las peleas y conflictos entre niños y te mostramos 4 claves a tener en cuenta para ello y así poder discernir mejor cuándo y cómo mediar en el conflicto.

Hoy en este artículo vamos a darte la estrategia y las tácticas para afrontar y abordar (cuando sea necesario) los conflictos entre niños. Da igual si son peleas entre hermanos, amigos, compañeros de clase grupo e independientemente de si se conocen previamente o no.


CÓMO MANEJAR LAS  PELEAS ENTRE NIÑOS EN 6 PASOS

1) ¿Tu hijo pega siempre? → OBSERVA CADA CONFLICTO POR SEPARADO

Cada conflicto es diferente y tiene lugar en el único momento donde viven nuestros hijos: en el presente.

Aunque nuestros miedos y preocupación nos pueden jugar una mala pasada, hemos de ser capaces de no ver el conflicto como un conflicto crónico. Si lo vemos así, pondremos demasiada energía en ello y eso hará que, inconscientemente, estemos provocando que se repita una y otra vez.

Además le pondremos mucha carga emocional y esa carga se la transmitiremos a los niños. Al transmitir esa carga, esa mala vibración, lo único que hacemos es que ellos la vivan como tal, cuando quizá ellos no lo sentían así.

Los niños y niñas, por lo general, viven con un mayor desapego de sus propias emociones y una vez que las han expresado pasan a otra cosa… si nosotras se lo permitimos.

Porque… ¿qué ocurre cuando los niños viven los conflictos con esa carga emocional negativa? Ocurre que no pueden aprender del conflicto, se bloquean y bloquean al adulto, se tapan los oídos, se niegan a colaborar, ven a la otra parte como el enemigo, tienen que defenderse de esa carga y para ello refuerzan su postura aún más.

A algunos niños les ocurrirá todo lo contrario, por supuesto, ante esa carga emocional del adulto, que además está cargada de juicio, se vuelven sumisos, se sienten indefensos y no pueden entonces afrontar sus conflictos de igual a igual. Y así, se dejarán manipular, pegar, insultar sin contestar por miedo a la reacción del adulto (entre otras cosas).

2) ¿Por qué mi hijo pega? → OBSERVA EL CONFLICTO de manera GLOBAL

El 99.9% de las veces que intervenimos en un conflicto, no miramos lo que ha sucedido previamente, ni cómo se siente el niño, ni cómo ha sido su día, ni cómo está su entorno ese día o si ha ocurrido algo con anterioridad…. 

Podría seguir y seguir valorando diferentes situaciones, pero el mensaje que realmente te quiero dar es que necesitamos mirar con perspectiva cada conflicto y tener una mirada global de la situación, y más aún cuando son niños conocidos y se repiten los conflictos una y otra vez.

En un próximo post, os pondre un ejemplo para profundizar más en este punto, os hablaré de como intervenir y que hacer cuando un grupo de niñas o niños, “rechaza” jugar con otra que forma parte de ese grupo, o lo que es lo mismo, cuando en el parque una niña no quiere jugar con otra, o cuando un hermano no quiere jugar con otro. Podréis ver y analizar lo que hay detrás y las necesidades varias que están en juego. Pero ahora, sigo…

Para observar el conflicto de manera global, tenemos que dejar los juicios, las expectativas y las vivencias previas a un lado. Se trata de no poner toda la atención en el conflicto en sí ni en la acción que dispara la disputa o discusión.

De este modo, lo que debemos mirar es qué necesidades hay detrás, cómo se siente cada niño, valorar todo lo que ha ocurrido previo, o si han quedado pequeñas situaciones sin resolverse como pequeños conflictos y “rencillas”.

En más de una ocasión lo que parece que ha disparado el conflicto es solo la punta del iceberg, y en la base se encuentran un sin fin de necesidades no cubiertas, estados de ánimo que no hemos sabido ver ni gestionar o detalles que hemos dejado pasar por alto y que realmente son los importantes.

Ponemos, por lo general, demasiada atención en ‘la gota que colma el vaso’ sin prestar atención a toda el agua que había previamente en el vaso y que estaba  punto de rebosar.

3) Los niños se pelean y vuelven a jugar → Muestra empatía por ambas partes

No te posiciones a la hora de intervenir de un lado u otro. Mostrar empatía por ambas partes es necesario para comenzar la resolución del conflicto, si es que este tiene que ser resuelto claro.

Por supuesto, no queremos que nadie se haga daño, y esto nos hace posicionarnos de cara del que ha sufrido un daño. Pero, de verdad, ningún niño hace daño intencionadamente si se siente bien.

El problema aquí, es que el niño o niña que pega o genera más tensión o conflicto, se convierte en el niño “problema”. Y de este modo, lo enjuiciamos y es complicado posicionarse de su parte.

Pero, ¿qué vivencias tiene ese niño? Y más importante aún ¿cómo vive y siente esas vivencias?

Mostrar empatía por ambas partes, significa, entender cada posición, acompañar a cada parte, nombrar como se siente cada uno. Porque creerme, que el niño o la niña que pega siempre, siempre tiene un motivo, aunque nos parezca absurdo, poco realista, exagerado o lo que sea, y aunque queramos que no pegue a nadie. 

Para él o ella, ese motivo es un disparador. 

¿Significa esto que como tiene un motivo debemos dejarle que pegue? 

No, no estoy diciendo eso, pero sí que entendamos y nos posicionemos también de su lado, que busquemos cuál es el motivo para su reacción, la nombremos y sienta así nuestro apoyo. Saber que tiene un motivo nos predispone a satisfacer la necesidad que hay detrás de ese conflicto.

Después, ya podremos darle otras herramientas, pero la primera es la comunicación, y si lo convertimos en culpable con nuestra manera de comunicarnos o actuar, se sentirá peor y seguirá necesitando liberar esa carga de la manera que sabe.


4) Mediar ante conflictos → PONER las PALABRAS que NECESITAN, tanto a sus ACCIONES como a sus EMOCIONES.

De esto, ya he ido hablado en el punto anterior, pero me parece importante destacarlo.

La mayoría de las veces, el niño no puede poner palabras a sus emociones, a lo que le genera tensión y a lo que ha sido el detonante de su acción. En niños más pequeños que no saben hablar bien esto puede ser más acentuado pero incluso en niños más mayores que sepan hablar no quiere decir que sepan identificar todas sus emociones y ponerles nombre.

Así, que ayudarle a poner palabras a su estado emocional es la mejor herramienta que podemos darle para comunicarse.

¿Te imaginas que un niño de 2, 3 ,4, 5, 6 … años, ante un conflicto con otro ser de su edad, pudiese describir cómo se siente exactamente y pedirle, amablemente, que acceda a una petición suya??

Sería algo así como que cuando un niño se acerca a otro con intención de usar su juguete, este niño le dijese: “Disculpa, en este momento estoy usándolo yo, no me apetece dejar de jugar ahora con ello., Cuando termine, puedes volver a preguntarme y en ese momento podemos valorar si te lo dejo o no” jajaja ¿sería muy raro no?

O que ante un empujón o la típica invasión de espacio que se hacen le dice: “Jo, perdona, tengo un necesidad de espacio algo determinada y me incomoda cuando alguien se acerca demasiado a mí cuando estoy concentrado. ¿Podrías dejarme un poco más de sitio o volver cuando termine?”. Wow ojalá nosotras, como personas adultas fuésemos capaces de hacerlo, pero algo me hace pensar que tampoco es lo más habitual…


5) Cómo aprender a gestionar las emociones de los niños→ Pon el FOCO en sus EMOCIONES y NO tanto en la ACCIÓN en sí

No me cansaré de repetir una y otra vez la importancia que tienen las emociones en los conflictos infantiles (y en los adultos, claro).

Insisto, un niño o niña que se siente bien, que está en conexión y feliz… no pega. Siempre hay un motivo, algo detrás, puede ser el ejemplo que tiene alrededor, puede ser que sienta especial tensión por alguna experiencia que ha tenido, que tenga una situación previa que no hemos sabido ver, que tenga alguna necesidad no cubierta (incluso básicas como hambre, sueño…)

Pon siempre el foco en observar y nombrar esas emociones y necesidades, cómo se siente el niño o niña, cómo vive la situación y deja por un momento de lado la acción concreta que te ha preocupado y molestado.

Primero conecta, que se sienta bien, crea un buen clima de comunicación que pueda ayudarle a expresarse. Y por puesto, da valor a esa emoción sin negarla. Acompáñale, hazle ver que le comprendes y que estás también de su parte, de las dos partes.

No se trata de estar contra el niño o niña que ha pegado, se trata de ponernos de su parte en su proceso de desarrollo.

No olvides que el conflicto se trata de dos partes por lo menos, así que haz todo esto con ambas partes. A veces se puede con las dos partes al mismo tiempo, otras veces con cada una por separado, a veces se necesita más tiempo para poder hacerlo. Esto es algo que solo podrás determinar en el momento dado.

Quizá en el momento es difícil o una de las partes no está dispuesta, pero habrá momento. No lo fuerces pero encuéntralo.

6) ¿Crees que tu hijo/a es violento/agresivo/egoista/cabezota…? → VERBALIZA LA ACCIÓN concreta, SIN JUICIOS ni posicionamiento

Y por supuesto, todo lo que hemos hablado hasta ahora hemos de hcerlosin juicios y sin acusaciones.

Para ello es muy importante no suponer, ni imaginar.

Dejar a un lado nuestra emoción intensa y hablar solo de la acción concreta que hemos visto. Esto, después de haberte asegurado que has hecho todos los pasos anteriores.

Cuando los niños no quieren hablar…

Pero, ¿qué pasa cuando te encuentras con una niña o un niño escurridizo, que no quiere afrontar estas situaciones, que no se deja “acompañar”, que se va a otro lado y se tapa los oídos cuando intervienes?

¿Te has visto alguna vez en esta situación? Suele ser bastante frustrante porque las palabras se nos agolpan en la boca y sentimos la necesidad de volcarlas y eso hace que nos siente fatal que nuestros hijos no nos quieran escuchar.

Te cuento cómo abordar estas situaciones en el próximo post, donde veremos más ejemplos y casos prácticos y concretos para seguir afinando y aprendiendo cómo afrontar estas situaciones tan complejas para las personas adultas.

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Jose R. Fernández y Mada Guzmán

Un día de 2015 tomamos la decisión de dejar aquello que no nos gustaba de nuestra vida y comenzar a viajar, de manera indefinida, con nuestra hija. Desde entonces hemos conocido, colaborado y aprendido en distintos proyectos educativos que comparten metodologías respetuosas con el aprendizaje. Después de un tiempo asentadxs en el sur de Chile, volvemos temporalmente al norte de España, sin olvidar el carácter itinerante de este proyecto que nos llevara sin duda a volver a caminar.
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