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Se dice que cuando nace un bebé, nace también una madre. La maternidad no es en ningún caso una experiencia banal y nos empuja a una fuerte transformación. Y esta fuerza que nos revoluciona nuestros cimientos puede llegar a asustarnos. Miedo a la pérdida de la identidad, a quién creíamos que éramos antes de ser madres. En base a esto para mí existen, a grandes rasgos, dos maneras de vivir la maternidad y la crianza de los hijos.

La primera sería con miedo a esa transformación, tratando de bloquearla, intentando que todo siga siendo como antes, incluso en nosotras mismas; mirando para otro lado en lugar de indagar en nuestro interior. Nos sentimos desubicadas, inseguras, nuestras certezas se tambalean. Este camino nos lleva a vivir la maternidad desde el sufrimiento, a ser la víctima que no sabe cómo ni por qué sucede nada de lo que ocurre a su alrededor.

La segunda es abrazando ese proceso de transformación, dejándose fluir con las circunstancias, buscando en nuestro interior la clave a tantas preguntas… Sabiendo y aceptando que estamos en un punto de inflexión. Este camino es el del autoconocimiento, el de disfrutar de ir creciendo a la par que lo hacen nuestros hijos, el de no aferrarnos a nada, ni siquiera a la imagen que teníamos de nosotras mismas.

Esto no quiere decir que existan 2 tipos de madre: las que lo hacen de una manera y las que lo hacen de otra. Hay tantos tipos de madre como madres hay y cada una vamos fluctuando y pasando por etapas o momentos de un camino y otro.

Más allá del puerperio…y el encuentro con la propia sombra

Recuerdo que en mis primeros meses o puede que semanas de vida de mi hija, me leí La Maternidad y el encuentro con la propia sombra  de Laura Gutman y recuerdo que hablaba precisamente de cómo esa sombra aparecía cuando deveníamos madres. Durante un buen tiempo estuve con esa idea rondándome la cabeza y recuerdo que yo no lo veía, no sentía que me estuviera encontrando con ella. Pero todo llega.  Poco a poco, según mi hija iba creciendo y separándose de mí fuí empezando a entrar en un camino de autoconocimiento y crecimiento personal en el que sigo avanzando de su mano.


Y es que si bien la revolución inicial puede ser arrolladora, todo el camino de la maternidad es un subir y bajar por una montaña rusa de intensas emociones.
Si eres madre, te invito a cerrar un momento los ojos y pensar en algún momento de tu maternidad en la que te hayas sentido plena, feliz, confiada. Cuando lo tengas, disfrútalo, dedícale un tiempo a saborear la sensación y piensa si ha habido algún otro momento en el que,en una situación similar, hayas sentido miedo, preocupación, agobio, culpa…

A veces no es lo que nos pasa sino el cómo estamos nosotras lo que nos hace ver una situación como positiva o como negativa. Y por propia experiencia sabemos que cuando tenemos el día torcido, no hace nada más que seguir torciéndose. Y en cambio cuando estamos llenas de buena energía, da igual lo que pase que no se nos quita la sonrisa de la cara, ¿verdad? Además, nuestros hijos tienen la capacidad de absorber nuestro estado emocional y reflejárnoslo, lo que hace que éste se pueda acentuar aún más.

Por tanto, lo que es necesario para transitar el camino que queremos es ser consciente de cuál de los dos caminos antes mencionados estamos eligiendo a cada momento. Darnos cuenta de cómo nuestra actitud y energía está afectando a la situación es un paso muy importante para cambiar nuestra vivencia.

Tu hijo, tu espejo

Tu hija tu espejo
Hay un libro de Martha Alicia Chávez que leí hace unos años y que se titula, Tu hijo, tu espejo y que tengo muy presente desde entonces. A veces creemos que lo que nos molesta de nuestros hijos es algo que es molesto en sí mismo y que por tanto, es inevitable que nos moleste. Pero realmente no es tanto así, lo que a una le molesta no es lo mismo que lo que le molesta a otra persona. Y estas diferencias podemos notarlas incluso dentro de la pareja. Lo que te molesta de tu hijo no es lo mismo que lo que le molesta a tu pareja ¿a que no?

Darse cuenta de esto nos ayuda a tomar perspectiva y entender que el verdadero problema no es la conducta en sí de nuestra hija, sino que es algo nuestro el que nos siente de una u otra manera. Solemos tomarnos las conductas de los hijos como algo personal y eso es lo que nos  molesta, pensar que nos están haciendo eso, y como leí el otro día en el libro Padres Conscientes de Shefali Tsabary, En vez de tomarnos la conducta de los niños como algo personal, conviene entender que, cuando tienen una pataleta, no están pensado en nosotros, sino sólo en sí mismos”

Si nos atrevemos a mirarnos en la imagen que nos reflejan nuestro hijos, podemos aprender un sinfín de cosas de nosotras mismas.

Reflexión final


¿Aceptas el reto que te proponen tus hijos de mirar hacia dentro en la crianza? Te animo a que compartas aquí qué es eso que más te molesta a tí, si ya lo has identificado.
Yo reconozco que lo que peor llevo es que me hagan daño físico, aunque sea sin querer. Me entra una sensación de indefensión y fragilidad tremenda. A Jose, en cambio su talón de Aquiles son las prisas y ese es un tema que yo llevo mucho mejor. Conocer cada uno que es lo que más nos cuesta, y ver que la otra persona lo lleva de manera diferente, nos ayuda a tomar perspectiva y afrontar de otra forma la situación. 

 

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Mada Guzmán

Desaprendiz artística at Desaprendiendo Para Aprender
Tras años dedicada al teatro y la creación escénica, la crianza de mi hija me hizo replantearme infinidad de creencias que hasta el momento había aceptado como ciertas. Para poder llevar a cabo una crianza consciente necesité ir liberándome de todos esos patrones que me limitaban. Para ellos comencé a formarme, a leer mucho, co-crear diferentes proyectos de crianza y educación y sobre todo, comencé a hacer las cosas de otra manera. Hoy quiero compartir contigo mi experiencia porque sé que ver el camino de otras madres nos ayuda a encontrar el nuestro propio.

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