¿Qué recuerdos queremos que tengan nuestras hijas e hijos?

Crianza Positiva

El día a día con nuestros hijos e hijas tienen lugar un sinfín de momentos y pequeñas situaciones. Si nos paramos a pensar qué hemos hecho hoy seguramente nos daríamos cuenta de que hemos hecho multitud de cosas, y que la energía a lo largo de esas situaciones ha ido fluyendo y cambiando. Así mismo puede haber cambiado bastante la intensidad emocional de cada uno de estos momentos. Es probable que en algún momento se hayan o nos hayamos sentido tristes, o frustradas, o incluso muy muy enfadadas. Y lo más seguro es que muchas veces estos sean los momentos que recordemos al final del día cansadas. Y pensemos que ya no podemos más, que estamos hartas de que nuestro hijo haga tal o cual cosa o de que pida ‘siempre’ las cosas llorando.

A no ser, claro, que seamos capaces de poner el foco en lo positivo y recordar que hubo muchos momentos de risa, de caricias, de juego. Momentos en los que jugaban armoniosamente entre hermanos y peticiones hechas con amor y suavidad. Momentos en los que todo fluía. La visión de nuestro día a día puede ser diametralmente opuesta en función de dónde pongamos el foco. ¿Qué sensación queremos tener a lo largo de nuestro día? ¿Qué queremos recordar al final de cada día? ¿Y al final de nuestra vida?

¿Y cómo lo hacemos?

Se trata de una decisión: decidir enfocarnos en lo positivo, en aquello que nos hace felices.
No es fácil. Nuestra mente, por supervivencia, se encarga de buscar el error, el fallo, el peligro. Además, vivimos en una sociedad profundamente negativa. Cuando oigo alguna conversación por la calle en la que alguien pregunta: “qué tal?”, es increíble la de veces que eso parece ser el disparo de salida para lanzar mil y una desgracias que esa persona ha sufrido. Las noticias se encargan de resaltar todo lo malo que pasa en el mundo y, a veces, pudiera parecer que eso es lo único que pasa. Pero existe toda una realidad positiva oculta, silenciosa, de la que no se habla.

Esto no quiere decir que ignoremos lo negativo, o que hagamos como si no existiera. No se trata de obviar si mi hija ha agarrado fuerte a su hermano o si se ha puesto a gritar cuando le hemos pedido que hablara bajito para no despertarle. Se trata de atender esas situaciones pero no desde el miedo, la preocupación, la culpa o el juicio. Atenderlas comprendiendo que no es la conducta lo que hay que corregir, sino satisfaciendo la necesidad que las provoca. Atenderlas, viéndolas como algo positivo, como una oportunidad de conexión, de aprendizaje, como un momento para mejorar algo que no iba bien.

La Gratitud como base

Y aquí nos encontramos de nuevo con que la respuesta es enfocarnos en lo positivo. ¿Cuántas veces al día les decimos que no queremos que nos peguen, que esa actitud no nos gusta, que no queremos que haga tal cosa o que nos molesta al hacer no sé qué? ¿Y cuántas veces le damos a nuestros hijos las gracias por habernos tratado con amabilidad, por habernos dado una caricia, por haber recogido los platos…?

Si todo va bien y de repente nuestro hijo empieza a estar irritable y nos grita, solemos decirle que no nos gusta que nos grite, que no queremos que lo haga…¿pero mientras todo iba bien, le habíamos dicho que así sí? Es más, tras un conflicto en una tarde, solemos decir/pesar que ” ¡vaya tarde hemos tenido! “, cuando el resto puede haber sido todo lo contrario.

La rutina muchas veces hace que demos por sentadas muchas cosas en nuestros hijos y en nuestra relación con ellos. Y solo comentamos algo cuando algo falla. Al final, así, los niños reciben más comentarios negativos que positivos sobre su actitud. Afectando de este modo a su autoestima y a su propia motivación por ayudar y colaborar. Estaremos además introduciéndolos sin querer en esta cadena de negatividad y perpetuando el mismo patrón. Preguntémonos:
¿Qué recuerdos queremos que sean los importantes para nuestros hijos: todo lo bueno que les ha pasado o todo lo malo? ¿En qué queremos que se enfoquen cuando tienen un problema?

Como decía, estamos programadas para fijarnos en lo malo, por lo que poner el foco en lo positivo requiere de un esfuerzo consciente pero que sin duda es muy gratificante para ambas partes. Ser capaces de ver lo positivo en una situación cualquiera es un auténtico y maravilloso regalo para nosotras mismas y un auténtico y maravilloso regalo que podemos hacer a nuestras criaturas. Ser capaces de agradecer las cosas buenas del día a día, sin darlas por supuestas, es una forma rápida y placentera de lograr ver lo positivo de cada persona y momento.

Mada Guzmán

Desaprendiz artística at Desaprendiendo Para Aprender
Tras años dedicada al teatro y la creación escénica, la crianza de mi hija me hizo replantearme infinidad de creencias que hasta el momento había aceptado como ciertas. Para poder llevar a cabo una crianza consciente necesité ir liberándome de todos esos patrones que me limitaban. Para ellos comencé a formarme, a leer mucho, co-crear diferentes proyectos de crianza y educación y sobre todo, comencé a hacer las cosas de otra manera. Hoy quiero compartir contigo mi experiencia porque sé que ver el camino de otras madres nos ayuda a encontrar el nuestro propio.

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