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Por Qué Nos Incomodan los Miedos de Nuestras Hijas e Hijios

 

Hace unas semanas estuve en un parque acuático con mi familia, en el mismo que hace un año aproximadamente. Y se repitió una escena que también ocurrió el año pasado: la batalla de mi hija entre las ganas enormes de subirse a los toboganes y el miedo atroz que le daba el hacerlo.
Los toboganes siempre han sido algo que ha utilizado con mucha cautela, y que encima estuvieran llenos de chorros de agua, hizo la combinación perfecta para que le resultaran tan atractivos como atemorizantes.
Quería subir pero no se atrevía y eso le frustraba, lo que le hizo estar un buen rato muy, muy irritable. Parecía molestarle todo, hasta que nos dimos cuenta de qué era lo que le ocurría. Nos sentamos al borde de la piscina mientras lloraba todo su miedo. Estaba enfadada con todos los toboganes y todos le parecían mal por algo. Por la altura, por los giros, por el agua… por el miedo. Lloraba y lloraba abrazada a mí.

Conectar a través de la vulnerabilidad

Así abrazadas, le dije que la entendía. Le hablé de mis miedos, de la primera vez que fui a Port Aventura y no me atreví a montar en el Dragon Khan, de la sensación de frustración que se me quedó después y de cómo un año después volví y me monté 5 veces. Le hablé del miedo que yo misma siento para lanzarme de algunos toboganes aún hoy, y que ese mismo día lo había sentido.

Y es que claro que la entendía perfectamente. Yo había sentido ese mismo miedo muchas veces. Y esto, a veces, es algo bueno porque haber sentido ese mismo miedo nos permite comprender muy bien a la otra persona. Sin embargo, si éste miedo ha sido muy incapacitante o limitante en nuestra vida, es muy probable que nos aparezca una mezcla de miedo y ansiedad de pensar que nuestra hija vaya a tener ese miedo. El miedo al propio miedo. Y en este caso, si no prestamos atención a nuestra reacción, en lugar de ayudarnos a empatizar puede provocar justo lo contrario: que no seamos capaces de escucharle por estar centrado en ese nuevo miedo nuestro creado.

Permitir el miedo

Es normal. Ver a nuestras hijas o hijos con miedo nos reconecta directamente con ese miedo que tantas veces reprimimos y podemos reaccionar queriendo que nuestra hija lo olvide YA, sin poder acompañarla emocionalmente. Querer salvarla de ese miedo puede negarle la oportunidad de sentirlo, y superarlo. 

sentir el miedo

Por eso, es importante darle el tiempo y el espacio de que nuestra hija sienta y conecte con ese miedo para poder dejarlo ir. Y también es importante que en ese escucharle, no nos convirtamos en un obstáculo para que ella misma pueda atravesar su miedo.
Allí, mirando los toboganes, le hablé de que a cada momento somos nosotras quienes decidimos si la batalla la gana el miedo o las ganas, y de que aún ganando el miedo, seguimos siendo libres de decidir disfrutar de la experiencia y de que, por supuesto, yo estaba orgullosa de ser su madre subiera a los toboganes o no… Ella me contó qué era lo que le daba miedo mientras lloraba. Entonces se levantó y nos fuimos a tirar del tobogán.

Desde la visión adulta a veces vemos esos miedos pequeños, insignificantes, ridículos, pero para nuestras hijas pueden ser gigantes. Es por eso que es tan importante acompañarles sin juzgar sus miedos y atreviéndonos a mostrar nuestra propia vulnerabilidad… porque valiente no es quien no tiene miedos, sino quien los tiene y aún así no permite que le detengan.

¿Qué nos pasa cuando nuestros hijos expresan miedo?

Pero, ¿por qué sentimos esa necesidad de que nuestros hijos no sientan ese miedo? ¿por qué queremos que cambien de emoción ya? ¿Qué es lo que su miedo despierta en nosotros?

Precisamente lo mismo: MIEDO. Miedo a que no lo superen, miedo a que sufran, miedo a que dejen de hacer algo necesario por miedo… Miedo a volver a sentir esos miedos que reprimimos fuertemente en nuestro interior.

Y es que, nuevamente, la crianza nos permite aprender más y más sobre nosotras mismas si estamos abiertas a dejarnos afectar por ella, y a buscar las respuestas en nuestro interior.

¿Para qué sirve el MIEDO?

“La cueva a la que te da miedo entrar contiene el tesoro que buscas” decía Joseph Campbell. Y es que, efectivamente, el miedo nos indica que detrás de él, está nuestro tesoro. A mi hija, en el ejemplo anterior, no le hubiera invadido el miedo por tirarse de un tobogán si ella no estuviera deseando hacerlo. Así que el miedo nos ayuda a ver qué tenemos que cambiar en nosotras, en nuestro pensamiento, en nuestro hacer, para atravesar ese miedo y lograr lo que queremos.

Superando el miedo

El problema es cuando este miedo nos imposibilita y nos bloquea. Cuando permitimos que sea más grande que nosotras y entonces, no nos permitimos hacer lo que soñamos. Cuando dejamos que el miedo gobierne nuestra vida y ésta se vuelve mediocre porque no nos atrevemos a salir de esa pequeña zona segura.
Ante tantos miedos que pueden llegar a sentir nuestros hijos, se trata de encontrar el equilibrio para no forzarles a superar un miedo para el que aún no están preparados, y a la vez alentarles a buscar ese tesoro que se esconde más allá.

 

¿Qué sentimientos tienes cuando tus hijos tienen miedo? ¿Hay alguna situación sobre el miedo que te gustaría compartir con nosotrs? Puedes dejarnos tus impresiones en los comentarios, estaremos encantados de leerte y contestarte.
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Mada Guzmán

Desaprendiz artística at Desaprendiendo Para Aprender
Tras años dedicada al teatro y la creación escénica, la crianza de mi hija me hizo replantearme infinidad de creencias que hasta el momento había aceptado como ciertas. Para poder llevar a cabo una crianza consciente necesité ir liberándome de todos esos patrones que me limitaban. Para ellos comencé a formarme, a leer mucho, co-crear diferentes proyectos de crianza y educación y sobre todo, comencé a hacer las cosas de otra manera. Hoy quiero compartir contigo mi experiencia porque sé que ver el camino de otras madres nos ayuda a encontrar el nuestro propio.