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acompañar el juego infantil

Pensando cuál sería la forma idónea de acompañar el juego espontáneo de lxs niñxs, puede parecer realmente fácil de primeras. Lo es.

«Observa.

Valora si tu intervención es necesaria.

Piensa y luego, si acaso, actúa.»

Unos sencillos pasos, fáciles de entender. Sin embargo no siempre nos son tan fáciles de llevar a cabo.

Tras esas acciones se esconde mucho autocontrol. Autocontrol sobre nuestro cuerpo y sobre nuestra voz. La mayoría de las veces hacemos por hacer, por nuestra necesidad de tener las cosas controladas y por querer sentirnos útiles.

Es importante tomar consciencia de aquello que decimos y hacemos al estar con nuestrxs hijxs. Acompañar el juego es hacer mucho con la apariencia de no hacer nada. Requiere mucha presencia. Mucha escucha. Mucha atención para conectarse y poder satisfacer aquellas necesidades que puedan tener (no para solucionarles los retos que tengan, como veremos más adelante)

Esto en muchos caso implica un aprendizaje para hacer natural la conducta natural. No se trata de estar incómodx cuando estemos con nuestrxs hijxs, comportándonos de modo forzado o artificial, sopesando todo lo que decimos o hacemos.

Se trata más bien de cambiar la imagen que podemos tener sobre lo que es jugar con tus hijxs. Y es que a veces se asocia jugar con un niño a hacer divertirse a un niño, o a hacer que aprenda. Pero al acompañar el juego de lxs niñxs es bueno tener presente el lema de “menos es más”. Porque en el juego de lxs niñxs, ellxs son los protagonistas.

Con el tiempo y la práctica, podremos interiorizar esta manera de actuar. Igual que al conducir un coche o montar en bici, al principio se necesita estar pendiente de muchas cosas y poco a poco todo va ya más fluido.

Si quiere jugar contigo

Si te pide jugar, juega, a su juego. Sin intentar guiar el juego hacia otro que tú conoces y te gusta. Es su juego. No trates tampoco de cambiar el juego en búsqueda del aprendizaje. El aprendizaje ya se está dando antes de ponerte a jugar, al margen de ti. Lo importante es centrarnos en que sea el aprendizaje que el niño o niña necesitan hacer en ese momento, y no el que nosotrxs creemos que sería bueno que tuvieran.

El mismo juego ya es aprendizaje. Siempre. Siempre que sea juego libre y siempre que realmente sea juego.

No mires el tiempo, si estas jugando con tu hijx es el momento de hacer solo eso. Si necesitas hacer otra cosa en ese momento y no puedes esperar, entonces díselo. Pero si te quedas a jugar, que realmente sienta que estás ahí, de verdad, presente, en conexión.

Y sino te invita a su juego…

Entonces, no intervengas. No le distraigas, no lleves su atención fuera de donde el niño o niña la está poniendo.

Se habla mucho de la falta de concentración de la infancia actual. Parece seriamente que éste es un tema que preocupa a la sociedad hoy en día. ¿Por qué entonces no probamos a fortalecer su capacidad de atención dejando de interrupirles cuando están verdaderamente concentradxs?

Como acompañar el juego del niño

Disfrutemos de observarle, a una cierta distancia. Es increíble cuánto podemos conocer a nuestrxs hijxs viéndoles jugar. Prestemos atención a sus intereses para poder acompañarles en el camino de sus propias pasiones.

Dejémosle creer que todo es posible

Cuántas veces nos descubrimos cortando las alas a su imaginación a través de nuestros comentarios (casi siempre no pedidos). Les decimos que ese juguete es exclusivamente para el uso prediseñado, o que esa torre que están haciendo se va a caer, o les enseñamos «cómo se utilizan” los juguetes y materiales.

Y al final eso vuelve a ser un volcar nuestros miedos, nuestras ansiedades, nuestras prisas porque se den ya los aprendizajes… Y los volcamos en su juego. Proyectamos nuestra falta de confianza en sus procesos, y entonces, van dejando de confiar en sí mismxs poco a poco.

Solemos querer que sepan hacer las cosas y que les salgan ‘bien’. Sin embargo, acompañar su juego es aprender a dejar de lado nuestras expectativas para que sean libres de tener las suyas. Dejemos que exploren las multiples posibilidades de cada material, que hagan todas las combinaciones que quieran, aunque para nosotrxs no tengan un sentido. Puedes tener la seguridad de que para el niño o la niña tiene todo el sentido del mundo.

En gran numero de ocasiones, no valoramos la verdadera utilidad del juego tal como es. Por eso intervenimos. Porque no confíamos. Lo mejor es respirar y dejarles que jueguen sin interrumpirles, sin incitarles, sin expectativas, sin juicios…

Y dejémosles también, darse cuenta de sus limitaciones.

Quiero empezar esta sección aclarando algo. No somos en absoluto partidarixs de crear frustraciones innecesarias a lxs niñxs. No les vamos a crear situaciones inventadas para que aprendan a través de la frustración. Nunca.

Ahora, eso es muy distinto de permitir que cada niño y niña se enfrente a sus limitaciones durante el juego, ya que más tarde o más temprano, encontrarán creativamente la manera de sobrepasar dichas limitaciones.

Si está construyendo una torre y se le cae, es parte del proceso. A veces, ese hecho incluso puede divertirles. La torre caída se convierte en problema cuando nosotrxs lo vemos como un problema y se lo transmitimos al tratar de evitar que se le caiga, por ejemplo.

Los momentos de frustraciones de nuestrxs hijxs pueden ser duros de vivir porque de algún modo nos retrotraen a aquellos momentos frustrantes de nuestra infancia. Y eso hace que a veces, queramos evitar a toda costa las situaciones que creemos les podrían frustar.

Aquí me viene a la mente inmediatamente una frase de Miguel Castro de Diraya. Cuando se la oí por primera vez en un curso sobre Educación creadora, me costó llegar a entenderla, a asimilarla. Sin embargo, con el tiempo ha ido adquiriendo todo su sentido.

«Si hay frustración, no hay juego»

Y de primeras no la entendía porque pensaba: «pero, si mi hija a veces está jugando y se frustra si algo no lo sale como quiere».

Con el tiempo lo fui viendo claro. En esos momentos en que se frustra jugando y se enfada o llora porque se le cae la torre, coincide con que hay otras necesidades que no están siendo cubiertas o no nos hemos dado cuenta de ellas. Es decir: son momentos en los que está teniendo hambre, frío, sueño… y esa sensación es la que le impide estar realmente presente en el aquí y ahora de su juego.

Verlo así es maravilloso, porque nos permite que no nos importe el motivo aparente de su frustración, sino el real. Si mi hija se pone a llorar al jugar, me ocupo de su hambre/frío/sueño y no de que no se le caiga la torre.

Porque una torre que se cae, es una invitación para volver a construirla.

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Jose R. Fernández y Mada Guzmán

Un día de 2015 tomamos la decisión de dejar aquello que no nos gustaba de nuestra vida y comenzar a viajar, de manera indefinida, con nuestra hija. Desde entonces hemos conocido, colaborado y aprendido en distintos proyectos educativos que comparten metodologías respetuosas con el aprendizaje. Después de un tiempo asentadxs en el sur de Chile, volvemos temporalmente al norte de España, sin olvidar el carácter itinerante de este proyecto que nos llevara sin duda a volver a caminar.
Jose R. Fernández y Mada Guzmán
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