La llegada de un bebé a la familia es un momento muy importante y trascendental para la familia. Hay un antes y un después.

Es un momento muy esperado y sobre el que, de un modo u otro, tenemos puestas muchas expectativas. Es también un momento sensible y de gran intimidad emocional. Hay una nueva persona en la familia y las relaciones se transforman. Cada miembro de la familia tiene que reubicarse dentro del grupo y volver a encontrar su lugar en la nueva situación.

Este proceso puede llevarnos más o menos tiempo en función de diferentes factores, y a nuestros hijos e hijas mayores les pasa lo mismo. Necesitan integrar que hay otro ser, con muchas necesidades y al que papá y mamá le van a dedicar mucho tiempo. Además, puede que sus expectativas no tengan mucho que ver con lo que está sucediendo realmente y no sepan muy bien cómo actuar en ciertas situaciones, nuevas para ellos.

Muchas familias, tras tener un nuevo bebé, pasan por períodos en los que aumentan los conflictos en casa, en los que sus hijas mayores están más demandantes o pasan por etapas de regresión en la que vuelven a comportarse o querer que se les trate como cuando eran bebés.

Puede llegar a parecer que esto vaya a ser eterno y nos empiezan a saltar los miedos. Pero si lo sabemos acompañar, atendiendo a las emociones y necesidades que hay detrás, no será eterno. Y será además un bonito modo de comenzar esa nueva etapa.

Quiero hoy compartir contigo algunas de las claves que me parecen fundamentales y que en nuestro caso nos ayudaron mucho a mantener la conexión familiar y facilitar el proceso

 

1) No crear falsas expectativas. No crear cargas emocionales.

Para esto es importante no crear falsas expectativas ni responsabilidades. Es muy típico cuando estamos embarazadas que nuestras hijas mayores oigan comentarios como: “vas a tener a un hermanín para jugar” o “ahora vas a tener que cuidarle mucho”. Y esto lleva a confusiones porque el bebé nace y pasa el tiempo y el tiempo y pasan bastante meses hasta que al final puede ser un compañero de juegos. Y el bebé sigue siendo un ser indefenso y tierno que requiere constantemente la presencia de mamá. No era eso lo que le habían dicho.

Y aunque nos venga  muy bien que su actitud sea colaborativa, lo cierto es que no es en absoluto responsabilidad suya cuidar de ese bebé.

 

2) Hablar previamente de los cambios que se avecinan y sus miedos

Aunque no queramos crear expectativas hay cosas que sabemos que van a pasar sí o sí, al menos si todo va bien.

Esta bien que antes de que nazca el bebé vayamos explicándole que va a llegar un nuevo ser a la casa totalmente indefenso y que necesita nuestra ayuda, amor y cuidado. Que eso va a hacer que, de primeras, tengamos que dedicarle mucha atención y tiempo y que nosotras seguimos amándole igual aunque no vayamos a estar tanto tiempo con él. Que tenemos que ir reajustando cómo satisfacer las necesidades de cada una y que nuestra intención es poder atenderle en todo lo que necesite.

También podemos hablar de nuestras necesidades, de que necesitaremos descansar más de lo normal hasta recuperarnos.

Todo en función de la edad, claro, pero podemos preguntarle si tiene algún miedo, o algo que le preocupe del nacimiento del bebé, para ir hablándolo y ayudándole con tiempo.

 

3) Olvida las expectativas sobre la relación entre hermanos

Bueno, mi consejo es que olvides las expectativas en general. Sin embargo, prestaría especial atención a lo que esperamos de los hermanos.

A veces no disfrutamos de cómo se relacionan simplemente porque esperábamos otra cosa. Algunos hermanos mayores se derriten de amor desde que el bebé nace, pero otras veces no es así, y no pasa nada. El bebé no deja de ser un desconocido y pueden necesitar su tiempo para integrarlo.

Como dos personas cualesquiera, con algunas tenemos una conexión muy fuerte desde el principio, con otras es una cuestión de tiempo, con otras no llegamos a congeniar muy bien. Forzar a nuestros hijos a ser uña y carne desde el principio, sin peleas, sin gritos, es un peso que dificulta el propio desarrollo de la relación única que debe existir entre ellos.

 

4) Hablemos en positivo.

Es probable que se den circunstancias que no nos agradan, o que nos gustaría que se dieran de otra manera. Y además, seguramente debido a nuestro cansancio o estado emocional, nos cueste gestionarlas con la misma tranquilidad que otras veces.

Centrémonos entonces en señalarles lo bueno a nuestros hijos, no lo malo.  Cambiemos un “No quiero que le cojas así” por un “Me encanta cuando le coges con suavidad”. A veces por seguridad es necesario dar un mensaje más directo como el primero, pero no siempre.

Démosle las gracias y ayudémosle a integrar cómo puede o no tratar al bebé…

llegada del bebe

 

5) Dediquémosles tiempo de tú a tú

Nuestros hijos necesitan tiempo tú a tú con nosotros, tiempo en exclusiva, sin interrupciones. Aceptarán que ahora hay una persona nueva que atender y que estará por ahí, pero ellos siguen necesitando su dosis de exclusividad e intimidad con cada uno de nosotros. Tiempo en el que conectar, en el que saben que hemos decidido estar por y para ellos.

Necesitan saber, no sólo con palabras, que seguimos eligiendo pasar tiempo con ellos, que no se han convertido en un segundo plato.

En función de las circunstancias familiares esto puede ser más o menos fácil pero más vale poco que nunca.

 

6) Nombremos y validemos sus necesidades y emociones

Hay muchas veces que no podremos atender sus necesidades en el momento porque estamos solas con nuestros hijos o porque en ese momento nos necesita el o la pequeña. Y esto es algo que nos va a suceder sí o sí en algún momento.

En cambio lo que sí podemos hacer siempre es recoger esa demanda, esa necesidad, darle nombre. Que sienta que no hay un problema en su sentir sino que, simplemente, no somos capaces de atenderlo en ese instante.
Y a la vez que nombramos y validamos, podemos comprometernos a satisfacerlo en cuanto tengamos la oportunidad.

 

7) No juzguemos

A veces los hermanos mayores pasan una época más “rebelde” con la llegada de su hermano. No le juzguemos, no lo hace por molestar. Se trata de su  manera de manifestar su malestar. Muchas veces vienen por alguna necesidad sin cubrir y dado ese malestar no saben cómo gestionarlo de otra manera

Ese aumento en la demanda o cambio en la forma de hacerlo son un indicativo de que, seguramente, están necesitando más de nosotras. Es su manera de hacerse visible para que le podamos atender. Muchas veces se utiliza la expresión “sólo quiere llamar la atención”. Exacto, es eso, pero no veamos un problema en ello. Si quiere llamar nuestra atención es porque no se la estamos dando en la manera en que la necesita. Del mismo modo, hay niños que buscan esa atención desde el lado opuesto: estando muy colaborativos y comprensivos.


Por tanto no nos centremos tanto en la conducta sino en conectar con ellos para que se sientan bien.

 

8) No culpabilicemos

Muy unido a lo anterior. La culpa es una emoción muy tóxica y solemos utilizar para descargar nuestra frustración, agobio, etc… Nada de lo que ocurre es culpa de nuestros hijos. Ni siquiera nuestra.

Cambiemos nuestro foco hacia la responsabilidad, para ver qué podemos hacer para cambiar la situación que no nos gusta en lugar de echarles la culpa de algo que no sabemos gestionar y que nos incomoda a toda la familia. Sobre esto, te dejo el enlace a un directo que hicimos hace poco hablando de “Cómo Criar sin Culpa”

 

9) Permitir al mayor exteriorizar sus sentimientos negativos hacia el peque

¿Alguna vez te has enfadado mucho con una persona que quieres? ¿tanto, tanto que has deseado, aunque sea por una milésima de segundo, que sufrieran de algún modo?
A nuestros hijos también les pasa y si les dejamos transitar esa emoción, se irá igual que vino. Muchas veces por miedo a generar una mala relación entre ellos, lo que hacemos es reprimir esos sentimientos y esto es lo que sí puede acabar provocando una mala relación, porque esos sentimientos se les quedarán dentro, en algún lugar de su ser.
Es importante proteger que no se hagan daño. Después podemos aprovechar alguna ocasión en la que estemos solos para que nuestra hija mayor puede hablarnos de qué siente a veces por su hermano pequeño y qué pensamientos le vienen a la cabeza, para dejarlos ir.

 

10) Pide ayuda

Éste es fundamental. Pide ayuda. Crecimos creyendo que nosotras podemos con todo y con más. Y es verdad, podemos con mucho, pero esa carga puede asfixiarnos y no permitirnos disfrutar del día a día. Un mismo peso repartido entre varias personas, es mucho más llevadero. Pedir ayuda no es de incapaces es de valientes.

No tienen por qué ser grandes ayudas pero, por ejemplo, cuando tenemos un bebé recién nacido el ritmo se ralentiza y nuestros hijos mayores siguen necesitando salir a jugar, por ejemplo. Conseguir que alguien, de confianza claro, les lleve a hacer una ruta, al parque o a alguna de sus actividades es una manera de tener un tiempo para nuestro bebé y sentirnos más relajadas a la vez que nuestro hijo mayor cubre su necesidad.

Del mismo modo, cuando nuestro bebé crezca, podemos dejarle con alguien mientra duerme la siesta por ejemplo para poder dedicar un tiempo realmente en exclusiva a nuestra hija mayor.

 

Al final lo más importante, en definitiva, es que sepan en todo momento que estamos de su lado, y que siguen siendo igual de importantes para nosotras,o más que antes.

 

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Mada Guzmán

Desaprendiz artística at Desaprendiendo Para Aprender
Tras años dedicada al teatro y la creación escénica, la crianza de mi hija me hizo replantearme infinidad de creencias que hasta el momento había aceptado como ciertas. Para poder llevar a cabo una crianza consciente necesité ir liberándome de todos esos patrones que me limitaban. Para ellos comencé a formarme, a leer mucho, co-crear diferentes proyectos de crianza y educación y sobre todo, comencé a hacer las cosas de otra manera. Hoy quiero compartir contigo mi experiencia porque sé que ver el camino de otras madres nos ayuda a encontrar el nuestro propio.